Alicia Cawiya: ‘Los taromenanes necesitan vivir en su territorio libres’

Alicia Cawiya: ‘Los taromenanes necesitan vivir en su territorio libres’

Alicia Cawiya nació en la comunidad de Ñoneno, límite del territorio huaorani, en la reserva del Yasuní. A los 18 años se inició como dirigente. Fue contadora, secretaria y administradora en la oficina de mujeres artesanales huaorani, que ahora se llama AMWAE (Asociación de Mujeres Waoranis Artesanas del Ecuador). Formó ese colectivo porque –dice– quería que las mujeres sean protagonistas y administren los recursos. El pasado 4 de octubre, cuando la Asamblea declaró de interés nacional la explotación del Yasuní, ella alteró el debate cuando, invitada por el oficialismo, dio un discurso contra la actividad petrolera en el ITT. Es vicepresidenta de NAWE (Nacionalidad Huaorani del Ecuador) y lidera una marcha para insistir en la no explotación en el Oriente.

En su discurso en la Asamblea dijo que son ustedes y sus organizaciones los que deben manejar los recursos que provienen de la explotación petrolera, ¿por qué cree que debe ser así?
De siete empresas que están en territorio huaorani nosotros no nos hemos beneficiado de los recursos, ni los hemos administrado como huaoranis. Han manejado los consejos provinciales, las juntas parroquiales y hasta ahora están manejando los gobiernos seccionales. Los dineros que salen de las empresas deben ser manejados por la organización de nosotros, para así poder atender a nuestras familias huaorani. Cuando salimos al Consejo Provincial para dejar un oficio, ¿quién paga el hotel?, ¿quién paga la alimentación para los huaorani cuando queremos hacer una gestión? También dije en la Asamblea que los taromenanes necesitan vivir en su territorio libremente, pescando, con su cacería, con su familia.

La zona intangible no es una jaula, dijo usted, ¿cree que deben modificarse los límites?
Sí. Ellos (no contactados) pasan de Perú al Ecuador. Tienen que conversar binacionalmente para que se amplíen sus territorios. Ellos no saben de límites. Por eso pasan tres meses en un sitio, se acaba la yuca y el plátano y se van a otro sitio. No pasan en un solo lugar como ahora nosotros los huaorani.

Entonces, ¿los no contactados se mueven hasta por donde está la zona del Yasuní-ITT?
Sí. También ahí andan. Son bastantes grupos ellos (no contactados). Son los taromenane, iwene, wiñatare, que viven allá.

En los mapas que presenta el Ministerio de Justicia los no contactados estaban en un sitio y luego de unos meses se presentan otros mapas en los que cambia su ubicación. ¿Conoce de esos mapas?
Nosotros no conocemos (de esos mapas). Ellos más bien debieron conversar con los dirigentes de la NAWE, con los que salieron o los que están ahora. Ellos debieron haberse sentado y preguntar: ¿Ustedes saben que aquí sí viven o no viven?

¿Por qué cree que se han dado las matanzas entre huaoranis y taromenanes?
Porque hay muchos intereses. Ahora ya vive gente en la carretera, comen comida de afuera. Nosotros como mujeres pensamos que taromenanes son las únicas personas que defienden su territorio, que defienden su bosque, defiende la caza; son ellos, pero no nuestros huaoranis. Por eso queremos que las personas que trabajen o el Gobierno, si quieren velar por esos taromenanes, tienen que valorar. Nosotros hemos sido vecinos de los taromenanes. Yo vivo en Ñoneno, de ellos siempre hemos visto huellas, presencia, todo, pero siempre hemos respetado sus territorios.

¿Cuál es la relación con su compañero y presidente de NAWE, Moi Enomenga? Mujeres amazónicas dicen que está siendo perseguida.
El compañero Moi me dijo: ‘Ya no puedes hablar así’, pero el pueblo me eligió a mí para que hable, para que converse y dé la voz a la Amazonía. Los viejos, el pueblo, los ancianos guerreros me pueden decir eso (que no hable), ellos me pueden sancionar o me pueden decir: “Ya no puedes trabajar en la NAWE como dirigente”. Pero yo sí puedo hablar desde la comunidad.

Moi Enomenga era un compañero suyo defensor de la naturaleza, pero ahora se muestra a favor de la explotación del Yasuní. ¿Qué piensa de eso?
No puedo decir nada, porque eso es vida de cada uno. Moi me enseñó, me dijo primero que defendamos el territorio que dejaron nuestros abuelos. Aprendí muchas cosas, viajé por muchos lugares. Viajamos para defender nuestro territorio, lo que nuestros ancestros dejaron y ahora él (Moi Enomenga) no está defendiendo nuestro territorio.

Las plumas que tengo en mi corona son de guacamayo y papagayo, pero si entran carreteras van a desaparecer. Donde hay más selva van ir los guacamayos y los jaguares también”.

Source: El Universo

Una lucha amazónica con rostro de mujer

“El tiempo pasa, pero la realidad no cambia”. Lo dice la kichwa del pueblo Sarayacu Cristina Gualinga, 17 años después de que ella liderara la primera movilización de mujeres indígenas amazónicas de la provincia de Pastaza (1996), para reclamar en Quito por la entrega de bloques petroleros en la Amazonía.

Hoy, a sus 72 años, Gualinga tiene las mismas motivaciones para recorrer las calles de las ciudades y pedir la no ampliación de la frontera petrolera en los territorios amazónicos. Ella lo explica a su manera. Afirma que quiere decirles a los gobernantes de turno que su pueblo no es esclavo de nadie, que ella es dueña de su tierra y que lucharán como madres para defender lo que sus abuelos les dejaron a sus nietos.

Es la cuarta ocasión que desde 1992 participa en estas caminatas con el mismo propósito. Pero esta vez y al igual que en 1996, la iniciativa tiene el rostro de unas 130 mujeres de las nacionalidades kichwa, sápara, shiwiar, shuar y huaorani de Pastaza.

Las mujeres amazónicas partieron en buses el 11 de octubre pasado de la capital de Pastaza, Puyo, con yuca masticada lista para preparar chicha y hojas de guayusa en fundas. Desde entonces se han detenido para realizar marchas en al menos ocho ciudades a lo largo del trayecto de 213 km entre Puyo y Quito, adonde llegaron el miércoles pasado. Fueron cinco días en los que han dormido sobre finas esteras ubicadas en las sedes de los centros y movimientos indígenas, en los que se han situado por nacionalidad en sus habitaciones, tal como ocurrió el lunes pasado cuando coparon la sede del movimiento indígena en Latacunga (Cotopaxi).

En esta ocasión exigen la paralización de la XI Ronda Petrolera en Pastaza (cuyo plazo de licitación vence en noviembre próximo, tras varias prórrogas); la inclusión del concepto de Selva Viva o Kausak Sacha (en kichwa), como una nueva categoría de territorialidad que significa el cuidado de todo lo que está dentro de la selva (animales, hombres, tierra, vegetación, espíritus); y la no explotación del Yasuní y el respeto al territorio de sus hermanos no contactados (tagaeris y taromenanes).

La iniciativa surgió a mediados de septiembre pasado en medio del debate para evitar que los efectos que ha dejado la explotación petrolera en las provincias del norte (Sucumbíos y Orellana), como procesos acelerados de aculturación, apertura de vías en sus territorios y enfrentamientos con madereros y petroleros, se extiendan a la selva de Pastaza.

“No teníamos experiencia, ni muchos recursos para la movilización y en algunos casos ni español hablaban, pero el peligro en el que está la herencia de nuestros hijos, si se sigue explotando el petróleo, nos obliga a superar el frío y el hambre”, cuenta María Ushigua, dirigente de la nacionalidad sápara, mientras arrullaba en idioma kuitsa sápara a su hijo Manari (que significa caimán), de 3 años.

Gloria Ushigua, de la comunidad de Yanchamacocha, cree que la intervención femenina es necesaria para ocupar un espacio que ha quedado abandonado por la persecución gubernamental de los que protestan y el silencio. Aunque también están motivadas, dice Ushigua, ante la supuesta corrupción de ciertos líderes amazónicos hombres que a espaldas de las bases “en lugar de defender el territorio, lo están entregando para que sea arrasado”, acota la dirigente.

La marcha denominada Caminata por la Vida o Huangana Colectiva se concreta luego de que, el 4 de octubre pasado, la Asamblea Nacional declarara de interés nacional la explotación de los bloques 31 e ITT (Ishpingo, Tambococha y Tiputini) en el Yasuní, a pedido del presidente Rafael Correa.

Para sus organizadoras la iniciativa es el mecanismo escogido para que la opinión pública escuche el pensamiento de la madre amazónica que pide, dice Linda Enqueri, líder huaorani, “que no insistan con una explotación petrolera que en 40 años de existencia no ha dejado beneficios, sino que ha vuelto pobres a las comunidades y pueblos que la rodean”.

Según el censo del 2010, la pobreza por ingresos afecta al 49% de la población amazónica. La situación empeora si se toman en cuenta las necesidades básicas insatisfechas que afecta al 75,6% de los habitantes.

Nancy Santi, dirigente de la comunidad kichwa Kausak Sacha, dice que el hecho de que los hombres líderes de la Amazonía pasen más tiempo en las ciudades ha provocado que pierdan el sentido real de lo que es vivir en la selva.

Las participantes de la marcha cuentan que se llenaron de pesar cuando el asambleísta amazónico Carlos Viteri Gualinga (AP), presidente de la comisión de Biodiversidad, sustentó en el pleno de la Asamblea el informe para ampliar la explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní.

Muestran rechazo también al referirse a Moi Enomenga, presidente de la nacionalidad Huaorani (NAWE), quien, por ejemplo, desautorizó y calificó de “mentirosa” a Alicia Cawiya, vicepresidenta de la NAWE, por hablar en el pleno de la Asamblea sobre las necesidades de su pueblo y de la exigencia de que se respeten sus territorios.

Además, según el portal Ecuadorinmediato, Enomenga habría declarado esta semana en entrevista con Radio Centro, que se ha comprometido con el Gobierno “a guardar silencio hasta que se cumplan algunos ofrecimientos en dos años”.

Patricia Gualinga, prima del asambleísta Viteri y dirigente de la comunidad Sarayacu, no entiende cómo su familiar o Enomenga pasaron de enseñar a su pueblo a “viva voz” sobre el valor de cuidar la selva heredada, a un “silencio cómplice”.

Para Marlon Santi, expresidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, el valor de la marcha radica en que sus protagonistas vienen de un sistema indígena machista muy marcado, en el que el hombre solamente ha tenido poder de decidir: “La salida de las mujeres le está diciendo al movimiento indígena madre: qué pasa, dónde están los hombres. Están cuestionando lo que se ha hecho y lo que se está haciendo, cuestionan ese va y viene, ese bailar de muchos líderes amazónicos”.

Otras de las motivaciones de las marchas, según sus participantes, es que se piense que los amazónicos son manipulables.

La andoa-kichwa Rosa Dagua, de la comunidad de Mangaurco de Montalvo y una de las participantes de las marchas, define en una frase el momento que vive su pueblo: “Las mujeres pensamos y actuamos de acuerdo a nuestros sentimientos y no por dinero. Jamás hemos tomado decisiones, los hombres sin consultar a las mujeres hacen lo que quieren y por eso hemos tomado la decisión de actuar”.

Source: El Universo

Las amazónicas defienden en Quito su casa: el Yasuní

 

Las amazónicas defienden en Quito su casa: el Yasuní

Está previsto que Mujeres por la Vida retornen el martes a sus comunidades

A pesar del encierro y la intranquilidad que sienten las mujeres  por no tener noticias de sus familias continuarán con su lucha en contra de la explotación petrolera en el Yasuní ITT y el resto de la Amazonía.

Un ambiente de angustia e incertidumbre se vive en la sede de la Conaie en Quito. La espera es larga para las 100 mujeres, 26 hombres y niños de las nacionalidades zápara, quichua y shiwiar que llegaron a la capital el miércoles 16, tras cuatro días de caminata.

Ellas decidieron llamarse Mujeres por la Vida y se fijaron un objetivo: ser recibidas por el Pleno de la Asamblea Nacional.

El factor económico impidió que más mujeres se sumen a la marcha (un vuelo desde sus comunidades hasta la frontera cuesta entre $800 y $1 000).

Aunque llegaron hace cinco días, su pedido de audiencia con el oficialismo no tiene respuesta. En la Asamblea les dijeron que un encuentro es extemporáneo porque la Declaratoria de Interés Nacional para que se explote el Yasuní ITT ya fue aprobada. Por eso, solo las puede recibir una delegación, no el Pleno.

El presidente Correa, en cambio, les propuso reunirse en Pañacocha (Sucumbíos). Ellas respondieron q    ue les queda más lejos que venir a Quito porque algunas viven en la zona fronteriza con Perú.

Mientras esperan una respuesta favorable, sus recursos se agotan. Para mantenerse echan mano de sus pocos ahorros y de la ayuda que reciben de quienes comparten con ellas su rechaza a la explotación del Yasuní ITT. Ellos les donan frutas, mantas, ropa y hasta papel higiénico.

Ellas han previsto que una delegación retorne a Puyo para traer alimentos y dinero para regresar a sus destinos en bus, ya que los recursos que les quedan alcanzan hasta el martes.

Las Mujeres por la Vida y sus familias se albergan en los tres pisos de la sede de la Conaie en Quito. Se han organizado en seis comisiones: salud, alimentación, logística, política, económica y comunicación.

Para las de mayor edad, el día comienza a las 03:00. A esa hora empiezan a contar sus sueños esperando que alguno dé señales de un encuentro con el presidente Rafael Correa.

Su desayuno es humilde: pan con chocolate y, cuando pueden, un huevo. Cinco mujeres preparan el almuerzo que, por lo general, es sopa de fideo o de verduras.

No les ha faltado la guayusa, bebida que los pueblos amazónicos consumen para renovar energías, meditar y tomar decisiones.

La comisión de salud atiende dolores de cabeza, gripe en los más pequeños, mientras que la de política se encarga de las visitas. Incluso asisten a charlas en universidades para que la gente sepa por qué están en desacuerdo con el decreto 1 247, que autoriza la explotación de Yasuní ITT. También piden que se suspenda la XI Ronda Petrolera.

Los hombres se ocupan de la seguridad. En la madrugada hacen relevo cada dos horas, para evitar que personas ajenas invadan su espacio.

De las 100 mujeres, solo 10 conocían la capital. Ninguna cambiaría su selva por lo que ven. Todas admiten y dicen que la protegerán de la explotación petrolera incluso con su vida.

Rosa Gualinga, de la nacionalidad shiwiar, es delgada. Cincuentona. Rostro pintado. Cuenta que en su comunidad hay 250 personas. Solo cinco vinieron a Quito. Todos extrañan las frutas y el pescado, pero hacen este esfuerzo para que alguna autoridad escuche sus pedidos.

En Quito, en estos días lluviosos, oscurece temprano. A las 18:00 empiezan a improvisar sus camas: esteras que en el día enrollan y las guardan en uno de los extremos de los cuartos.

A las 23:00, el silencio es total. Hay desvelos por la sensación de encierro entre cuatro muros, porque extrañan la selva, porque no saben lo que ocurre con sus familias: varias son jefas de hogar y dejaron a sus hijos en sus comunidades.

Por eso, Miriam Cisneros, dirigente de la comunidad Sarayacu, regresó el viernes por la noche para llevar a las comunidades un mensaje de tranquilidad.

Para ella, estar en Quito es una oportunidad para intercambiar enseñanzas.

Source: El Hoy

Editorial: SELVA-Vida Sin Fronteras

Selvavidasinfronteras.wordpress.com

Editorial Committee

David Dunham

Arno Ambrosius

Gustavo López Ospina

Mariana Almeida

Frank Brouwer

Pieter Jan Brouwer

Assistant: Emilia Romero

SELVA Vida Sin Fronteras acknowledges Kevin Schafer’s important contribution towards protecting the highly endangered Amazon pink fresh water dolphin. Title photographs of our “The Amazon Pink Dolphin’s Voice” were taken by Mr. Schafer. 

~ by FSVSF Admin on 21 October, 2013.

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