Un análisis del triunfo electoral del Presidente Correa.

THE AMAZON PINK DOLPHIN’S VOICE-04/03/2013

Al modelo le falta una Samsung

 

Al modelo le falta una Samsung

 

 

 

 

 

 

La entrevista

José Hernández

Director Adjunto

Para el catedrático Luis Verdesoto, el país vive el cierre del ciclo de transferencia electoral del viejo populismo a Alianza País. También habla de un modelo de desarrollo cercano a Corea del Sur

¿Tres cambios fundamentales en el mapa político a raíz de las últimas elecciones?

Se ha cerrado un ciclo de transferencia electoral del viejo populismo ecuatoriano hacia País. Es decir, el electorado de Bucaram, de Noboa y de Gutiérrez ya se ha conformado como base electoral de respaldo de Correa.

El segundo: se han estabilizado una serie de movimientos políticos provinciales que asumen su carácter provincial y cuyo pasaporte a lo nacional es a través de País. Estoy pensando en las alianzas de El Oro con Montgomery Sánchez, en ARE… El tercer elemento viene dado por la ausencia de una izquierda al lado de Correa. Él opera sobre un centro político tan amplio, abierto por los dos extremos ideológicos, me refiero a Lasso y Acosta, que puede navegar con absoluta comodidad. Con los perfiles del escenario electoral, no existe la posibilidad de que Correa se desgrane hacia su izquierda.

Esto pensando en Alberto Acosta.

Pensando en Alberto y en Avanza. La consecuencia central de esto es que el bonapartismo ejercido con Correa, da lugar a que él no tolere ni a adversarios ni a aliados.

Si Correa recogió los electorados populistas aparecidos desde finales de los noventa, se puede caracterizar políticamente a Alianza País como el nuevo populismo?

Sí es el nuevo populismo: el populismo autoritario que se configura después de 2006.

Se han evocado hipótesis sobre las causas del éxito electoral del correísmo: la bonanza petrolera, el vacío ideológico y de representación; la crisis de los partidos… ¿qué otros elementos explican su éxito electoral?

Evidentemente hay un trade-off entre profundización y instituciones democráticas versus consumo. La gente cambió instituciones democráticas por consumo. Cambió una idea de estabilidad por instituciones democráticas. Esto lo ves en el último estudio que hace Celexon sobre cultura democrática en Ecuador. Se ve cómo en Ecuador se quiere democracia en términos duros. Esto implica flexibilización de las instituciones a cambio de estabilidad. Los tres grandes pilares de la política social de Correa son claros: el primero está dado por las transferencias monetarias creadas por el Banco Mundial en América Latina. Pese a su mal manejo en el Ecuador ha servido de eficiente pie para generar la más amplia red de clientelismo político. El segundo, y más importante, es lo que se ha hecho alrededor de las clases medias emergentes. Se fueron con esta forma autoritaria de populismo y no a ordenar la democracia que es a lo que estábamos acostumbrados. El tercero es la consecuencia de la inversión pública que generó la más amplia redistribución de las élites empresariales del Ecuador. La gente que pudo acceder al gasto público ha generado una redistribución tan importante como la que hubo en los años 60 respecto del agro: hay una transferencia hacia el sector industrial y urbano.

Carlos Meza, ex presidente de Bolivia, dijo que este sistema –evocaba a Bolivia, Ecuador y Venezuela– estaba dando resultado por los extraordinarios precios de recursos naturales. Por fuera de esto, ¿cuáles son los aciertos del correísmo en su gestión?

Hay dos cosas: la magnitud del excedente en América Latina ha permitido que un modelo de desarrollo como el peruano, profundamente neoliberal y extractivista, tenga más éxito en la superación de la pobreza que Ecuador. Esa magnitud del excedente permite que un modelo de desarrollo corte Alba versus un modelo de desarrollo corte más neoliberal, tengan éxito los dos. Ahora, si comparas los modelos de desarrollo de Venezuela y Ecuador, evidentemente el ecuatoriano implica éxitos mucho más notables y una racionalidad administrativa muy superior. El modelo venezolano en relación al ecuatoriano te hace decir que siempre es posible hacerlo peor.

Justamente, ¿qué hace que el correísmo sea un modelo más coherente? ¿En dónde está su guía?

Ecuador tiene una guía en la cabeza de un modelo de desarrollo cercano a Corea del Sur. Y eso es lo que está en juego actualmente. Ordenar los elementos de un ajedrez de ese estilo. ¿Qué te implica? Un crecimiento básico de infraestructuras generales productivas, digamos de las economías externas del proceso productivo. Me refiero a carreteras, puertos, una fuertísima inversión hidroeléctrica, que en el momento en que entre en el escenario del ingreso estatal, será muy importante. Evidentemente hay una visión. Creas una minería que te proporcionará un excedente. Y está fundamentalmente el modelo de gobernabilidad: un presidente autoritario con capacidad de generar el tiempo político necesario para que el tiempo económico, que es más lento, vaya madurando.

Lo que falta es el actor de ese modelo que es la Samsung. Les falta la Hyundai. Les falta que venga la empresa que se encargue de ser el viabilizador del ingreso hacia el mundo internacional. No existe el emir de Qatar que venga a firmar el cheque e instalar esta transnacional que no es cualquiera. Es una transnacional que tiene que, multisectorialmente, abrirte el ingreso al mundo.

Pero políticamente, el correísmo no presupone, mas bien, una suerte de PRI mexicano?

Sí, pero el de Salinas de Gortari. Un PRI tecnocrático, fuertemente involucrado en los negocios públicos y privados, terriblemente duro en su manejo disciplinario interno. Salinas de Gortari fue implacable internamente y estructuró el partido a través del Estado. Él supo confundir mejor la relación Estado aparato Estatal y aparato Partidario. Lo que no se ve este rato es una vigorosa estructura interna.

En ese marco, cómo explica que Correa haya escogido a Guillermo Lasso como su contendor. ¿Es un intento de ir hacia un bipartidismo?

Hay dos cosas que estás planteando. Una es el hecho de que el presidente ahora dice: soy el dueño de lo público y escojo con quién peleo. Eso es muy propio del patrimonialismo de nuevo cuño mediático. Acá no es que estamos confundiendo patrimonios económicos sino patrimonios políticos. Y como dueño de ese patrimonio, él escoge cómo se estructura la escena política.

¿Pero lo ve armando un bipartidismo político?

Hay una idealización de que es posible, en esta sociedad y en estas condiciones, hacer un polo pequeñito de derecha y el resto, una masa informe de clases, de identidades que él maneja.

¿Se quiere hacer un sistema bipartidario?

Indudablemente. Correa se encuentra más afín con Lasso que con cualquier otro. Lasso es la renovación evidente de una burguesía sobreviviente a un territorio que fue responsable de la crisis. Lasso es el primer banquero del país que dijo: quiero ser banquero y solamente banquero. Ese mensaje fue recogido en la Constitución. El segundo elemento, común entre ellos, es este purismo cristiano con supuestos valores sociales que identifican un segmento importantísimo de las élites guayaquileñas, no necesariamente asociadas a las viejas oligarquías. Lasso es de clase media, no es un hombre de raigambre oligárquica tradicional.

Correa dejó sin parte de sus bases a la izquierda tradicional. ¿Asiste el país a la muerte de visiones retrógradas sin asideros electorales?

La posibilidad de la Izquierda más tradicional del Ecuador era retornar a Rodríguez Lara. Retornar al Estado con que hizo la transición a la Democracia. Un Estado con transferencias. Correa dijo no, ni sueñen ese Estado, yo lo encarno. Segundo: ustedes están proponiendo redistribución, yo propongo hacer movilidad social ascendente. Correa habla con un lenguaje y camina con otro. Hagamos Revolución pero compre auto; hagamos Revolución pero mis aliados tienen más acceso a esto o aquello. La Izquierda no entendió lo que pasaba con el esquema de la movilidad social.

¿Hay posibilidades de que se renueven esas opciones?

En términos democráticas no hay nada irreversible. No podrán renacer estas opciones desde el punto de partida. Si hay algo que interpretar en el mediano plazo, es un nuevo cambio en la base social de la Democracia. Estamos frente a una asociación entre una burguesía sectorial y una burguesía territorial caminando hacia la globalización, pero sin proyecto nacional de sustento. Ecuador tiene el cuerpo moderno económicamente pero la cabeza premoderna. Eso le pasa a las élites y a los electores. Terminamos siendo un cuerpo gordo con una cabeza que no piensa.

¿Imposible, en ese caso, reconstituir el debate público, la escena pública, la idea necesaria a una democracia de alternancias políticas?

Este rato no hay sistema político, si definimos sistema político como la posibilidad de intercambio entre partes que se interpenetran, que confrontan contenidos políticos, acciones… La lucha que habido con los medios de comunicación ha sido para romper esta posibilidad de intercomunicación, de flujo de opinión entre unos y otros. Así que este es un estado de opinión, a gritos hay que decir que por favor lo sea.

Los ecuatorianos no sabemos manejar alternabilidad, no somos suficientemente maduros para manejar ese tema. Hay que construir una democracia deliberativa a través de sus cimientos. Lo que puede hacerse, quizá, es hacer plataforma común como suma de minorías. Obama lo ha hecho. Eso te implica una plataforma común de absoluta tolerancia; de no pensar en izquierda-derecha sino en una cosa muy esférica donde los diversos elementos de plataforma puedan soldarse sin necesidad de que sea continua. Y lentamente asumir los roles de los liderazgos.

Eso en el campo político. Pero queda por reconstituir la ciudadanía. ¿Ve factibilidad?

Hay que volver a los viejos principios de la democracia, volver a lo local, al territorio. No van a quedar muchos espacios porque el sueño de ellos es una sociedad congelada. Es el juego de la estatua: uno, dos, tres, ¡estatua! Si la estatua se mueve, o le pegas o le pagas.

Fuente: HOY

Las razones detrás del triunfo de la Revolución Ciudadana

 

 

El 30 de septiembre del 2007, cuando en urnas se eligió a los integrantes de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta y María Paula Romo fueron los candidatos más votados en sus jurisdicciones: la nacional, en el primer caso, y la de Pichincha, en el segundo. Eran, entonces, postulantes de PAIS, la agrupación que obtuvo la mayoría absoluta: 80 de las 130 curules.

En los últimos comicios, sin embargo, ya cobijados por otras tiendas políticas, ninguno logró captar los votos esperados. Acosta ni siquiera consiguió ubicarse entre los primeros: ocupó el sexto lugar, de ocho, en la elección presidencial. Romo, en cambio, no alcanzó una curul tras quedar detrás de tres aspirantes de PAIS y uno de CREO, en el distrito 1, norte de Quito.

¿Los electores escogen a candidatos o a organizaciones? “Se votó por el líder”, opina el politólogo Simón Pachano, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). “Estamos frente al caso de mayor personalización de la política de, por lo menos, los últimos 35 años. Toda la política gira en torno a Rafael Correa: él define la agenda, él define los tiempos y los espacios. Así también fue la campaña y ningún candidato pudo salirse de eso”.

Tal vez una muestra es que hoy la asambleísta más votada del país, según los conteos parciales del Consejo Nacional Electoral (CNE), es una persona que, hasta el momento, ha desarrollado su carrera política en Imbabura. Se trata de Gabriela Rivadeneira, una joven de 29 años que aún cursa sus estudios universitarios de tercer nivel.

¿Cuáles son las variables que incidieron en el abrumador triunfo de la llamada Revolución Ciudadana? Este Diario consultó a siete expertos en distintas materias para analizar los resultados del 17 de febrero.

El liderazgo de Correa, sin sucesor visible tras seis años de ejercicio; las obras ejecutadas con los altos recursos que ha manejado gracias al segundo boom petrolero después de la bonanza de los setenta; el énfasis en el área social y las políticas de subsidios, justificadas por unos y cuestionadas por otros por considerarlas clientelares; la permanente exposición de su imagen, no solo en época electoral; una fórmula de reparto de escaños aplicada en medio de una nueva distribución por distritos… Son algunas de las aristas planteadas por los consultados.

Andrés Seminario, experto en marketing político, cree que, más allá de los recursos que ha manejado el régimen, no hay que desconocer el trabajo que se ha hecho. Cree, sin embargo, que la clave está en la imagen.

“Si Rafael Correa hubiese hecho este trabajo y su posicionamiento hubiese sido el de un político, no el de un ciudadano, la gente habría percibido que él era uno más. El trabajo se ve reforzado por su posicionamiento de ciudadano. No importa si él tuvo más dinero o no. Ese no es el punto. El punto es bajo qué marco estratégico lo comunicó. Las piezas de comunicación de cada instancia del Gobierno siguen un mismo eje estratégico. No importa si estamos hablando de industrias, de agricultura, de educación, de seguridad social. Hay un hilo conductor en cada una de las piezas. Eso es histórico. Eso no había antes”.

El Gobierno también ha incrementado los montos destinados a los subsidios. Según datos del Observatorio de la Política Fiscal (OPF), anualmente se destinan alrededor de $ 9.000 millones en este rubro, que equivalen a más del 10% del Producto Interno Bruto (PIB).

Fuente: El Universo

 

Fórmula favorece a mayorías en una nueva división

El propio Rafael Correa lo dijo en su enlace sabatino de la semana pasada: “Cuando son poblaciones pequeñas, no tiene coherencia aplicar el método de Webster para potenciar a las minorías, porque si hay cinco asambleístas y uno saca el 3% de los votos, este tendrá una curul, lo cual representa el 20% de la votación. Eso no es justo, porque estará representado siete veces más de los votos que sacó”.

Así defendió a D’Hondt, la fórmula que el Consejo Nacional Electoral (CNE) aplica para repartir los escaños de asambleístas provinciales. Para los nacionales –15 curules, apenas el 10,94% del futuro pleno, que estará conformado por 137 puestos– sí se usará Webster.

D’Hondt fue introducido en el país en 1998 por una mayoría parlamentaria de la que eran parte el Partido Social Cristiano (PSC), la Izquierda Democrática (ID) y la Democracia Popular (DP). Entonces era criticado por grupos de minoría.

Se aplicó por primera vez en el 2000 y, por última, en el 2006, aunque ponderado.

Fue el propio Correa quien, mediante el veto a las reformas legislativas a la Ley Orgánica Electoral, introdujo nuevamente esta fórmula porque –según alegó– no es correcto que, para favorecer a las minorías, se afecte a las mayorías.

Los cambios se hicieron a pocos días de que se venciera el plazo para modificar las reglas para las últimas elecciones.

La novedad en el pasado proceso fue la mezcla de este sistema con una nueva división para cumplir con la votación.

En Guayas, Pichincha y Manabí –las tres provincias con mayor número de electores, pues juntas representan el 51% del padrón nacional– se votó por circunscripciones. En la primera provincia, por ejemplo, se eligió, en total, a 20 asambleístas, pero en cuatro distritos: cinco en cada uno.

Para Enrique Pita, exdirector de la Delegación Electoral del Guayas, D’Hondt es un sistema “perversamente concentrador”, sobre todo cuando son pocas las dignidades que se deben elegir. Pone como ejemplo a Guayas, donde PAIS –según los conteos parciales– obtendría entre 15 y 16 asambleístas en los cuatro distritos; la alianza PSC-MDG se lleva el resto.

Si no se hubiese hecho la división por circunscripciones, dice Pita, PAIS habría obtenido unos 12 puestos y los otros 8 se hubiesen distribuido, probablemente, entre dos grupos.

Con estas mediciones coincide Fausto Camacho, exvocal del primer Consejo Nacional Electoral (CNE). Él destaca que en la mayoría de los distritos, en las tres provincias, entrarán representantes de máximo dos grupos, con PAIS a la cabeza.

Menciona que en provincias donde PAIS obtiene alrededor del 50% de los votos para asambleístas se lleva el 80% de la representación. En las 21 provincias restantes no hay mayor diferencia, pues el electorado no es tan numeroso como el de las otras tres. Con D’Hondt, PAIS hubiese obtenido 66 y no 54 escaños en la Asamblea Nacional que está en funciones.

Fuente : El Universo

 

Partidos debilitados no representaban un cambio

Una oposición débil, con agendas marcadas por el oficialismo, con estructuras desarticuladas o casi inexistentes. Estas son algunas de las características de quienes se enfrentaron a Rafael Correa el 17 de febrero pasado.

El analista Simón Pachano, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), cree que, aunque era previsible el triunfo de PAIS, la sorpresa, para la oposición, fue la contundencia.

“Me parece que nadie planteó una alternativa clara frente a lo existente. En una situación donde hay cierta estabilidad económica y política, la gente no quiere cambiar sustancialmente y, por tanto, para cambiar necesitaría saber que algo mucho mejor va a tener con otra persona. Nadie ofreció eso”, opina Pachano, quien dice que la población votó, sobre todo, “por una opción de personalización de la política”.

La debilidad de la oposición –añade– tiene que ver con un aspecto de más largo alcance: la crisis de los partidos y, en general, de la política. Habla de los llamados “partidos tradicionales”, como el Social Cristiano (PSC), el Roldosista Ecuatoriano (PRE), la Izquierda Democrática (ID) y la Democracia Popular (DP), a más del Movimiento Popular Democrático (MPD) y Pachakutik (PK).

Algunas organizaciones, dice Pachano, comenzaron “a morir” alrededor de 1998, cuando llegaron a su punto más alto en términos de representación. “Decaen en 20 puntos en el 2002 y en 20 puntos más en el 2006. Al 2007 llegan casi en cero. Tampoco surgieron partidos alternativos. Aparentemente surgían Sociedad Patriótica (SP), con un electorado que no era seguro, y el Prian, que nunca existió porque ha sido una empresa electoral”.

Para Wladimir Sierra, director de la Escuela de Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), en la campaña pesó la postura de los candidatos, más reactiva que proactiva. Las organizaciones de izquierda, dice el analista, planteaban “volver realidad” aquello que se estableció en Montecristi; las de derecha, en cambio, criticaban las políticas relacionadas con el estatismo, las dificultades para la inversión extranjera o la falta de fomento para las industrias.

En esa línea, opina que un primer error es creer que por Correa solo votan los beneficiarios de programas sociales. “Personas que no se vieron beneficiadas directamente tampoco vieron opción en otros candidatos porque no presentaban proyectos políticos distintos. Esto se debe a que, en los hechos, Correa ha establecido una serie de políticas que, por un lado, pueden ser leídas como políticas de izquierda y, por otro, como de derecha”, dice.

Aunque el mandatario se autoclasifica en la izquierda, Sierra menciona, como ejemplo de lo opuesto, el proyecto de reformas al Código Penal y la minería a gran escala. “Su proyecto, de algún modo, recoge aspiraciones tanto de la derecha como de la izquierda. Esto hace más difícil que se pueda tener un proyecto alternativo”.

Fuente: El Universo

Exposición permanente apuntala la imagen oficial

 

Ningún otro presidente, desde el retorno formal a la democracia, en 1979, le ha dado tanto énfasis a la comunicación como este y así ha sido desde el inicio del primer periodo de Rafael Correa, el 15 de enero del 2007.

Una muestra. Un monitoreo de la propaganda estatal durante los primeros 18 meses de gestión de los últimos cinco mandatarios, desde Jamil Mahuad, revela que el actual presidente fue el que más tiempo y dinero destinó en ese periodo, según la empresa Infomedia. La imagen del régimen se difundió –en televisión y radio– durante seis horas diarias, en promedio.

Infomedia ya no difunde sus monitoreos de publicidad estatal, pero sí la Corporación Participación Ciudadana (CPC), que efectúa este trabajo, de manera permanente, desde el 2010. Sus reportes muestran, por ejemplo, que la propaganda estatal subió en los meses previos a los dos últimos procesos electorales: el referéndum del 7 de mayo del 2011 y los comicios del 17 de febrero.

En el proceso más reciente se observó que, según el monitoreo en nueve canales de señal nacional, las instituciones del Gobierno central casi duplicaron su gasto en propaganda: en noviembre y diciembre destinaron $ 2’010.021 y $ 2’165.527, valores que incluyen el 70% de descuento. En octubre, en cambio, la cifra fue de $ 1’235.874.

Para Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de la CPC, la estructura comunicacional del Estado lo que hace, de alguna manera, es apuntalar la gestión, y destaca que no se trata únicamente de los periodos de precampaña y de campaña, sino de una característica permanente en el desarrollo de la gestión.

“Cuando un régimen tiene la posibilidad de tener publicidad oficial, esta destaca, de una u otra forma, su accionar. Eso, en tiempos electorales, va a redundar en un tipo de ventaja frente a otros actores políticos. El problema es que los informes de gestión, cuando se tiene a un jefe de Estado que es candidato al mismo tiempo, indirectamente, a la larga, van a apuntalar una imagen porque, además, esos informes siempre muestran solo las bondades”.

Andrés Seminario, experto en marketing político, dice que en el reciente éxito electoral sí influyó la construcción de la imagen. “No fue en la última campaña o hace un par de meses. Rafael Correa es una marca que se viene construyendo, sólidamente, con una misma estrategia desde el primer día que fue candidato. Aunque ha ido teniendo ejecuciones diferentes, la estrategia es la misma: posicionar la marca de un ciudadano, no de un político, más allá de que se mueva en el mercado político, que quiere recuperar, para los ciudadanos como él, una serie de derechos”.

Destaca que, por primera vez, un gobierno cambia el eje. “Es claro que antes la comunicación era reactiva: tenemos un problema, comuniquemos. Ahora es reactiva, sí, pero sobre todo es proactiva: vamos a construir una imagen que, además, nos va a servir como una suerte de escudo, si es que llegamos a tener un problema”.

Fuente: El Universo

 

Obras pesan, pero también la base de beneficiarios

 

El sector público ha trabajado con un presupuesto de $ 145 mil millones entre el 2007 y el 2012. En los seis años anteriores, sin embargo, el rubro había sido de apenas un tercio: $ 48 mil millones.

Son cifras del Observatorio de la Política Fiscal (OPF) que, según su director ejecutivo, Jaime Carrera, reflejan marcadas diferencias en las posibilidades de actuación que han tenido las distintas administraciones durante los últimos doce años.

La coyuntura económica incide en las prácticas populistas que, según Carrera, predominan en el país y que tienen su base en políticas clientelares.

“Ecuador ha tenido inmensos recursos que han permitido, a su vez, contar con espacios para alimentar el populismo y tener contenta a la gran mayoría de la población, ya sea a través de subsidios, de sueldos de la burocracia, de contratos. Se ha formado un conjunto de mayoría social dependiente de lo que el Estado le puede dar y la mayoría, en general, no aprecia aspectos como falta de libertades o institucionalidad, sino lo que recibe, lo que dan”.

Los subsidios hoy ascienden a $ 9 mil millones anuales, aunque la mayoría, casi $ 6 mil millones, se destina a combustibles. “Incluyen el Bono de Desarrollo Humano (BDH) y el Bono de la Vivienda, subsidios a la Seguridad Social, a los transportistas, al sector agrícola, a las discapacidades, a las madres, becas… La gama es bastante amplia. Se crea una suerte de dependencia y fidelidad hacia el Estado”, indica.

Esta fidelidad también se encuentra en buena parte de la burocracia. El costo de los sueldos de los servidores superó en el 2011 a la recaudación de los impuestos a la Renta (IR) y al Valor Agregado (IVA) juntos.

Más allá de los subsidios, el actual Gobierno también ha invertido más en el área social. Solo en las materias de educación y salud, por ejemplo, asignó $ 18.826 millones entre el 2007 y el 2012. También ha puesto énfasis en la obra pública, como infraestructura vial.

El OPF cree, sin embargo, que hay que dimensionar si lo ejecutado corresponde a lo que, con la bonanza, podría haberse hecho. Lo dice porque considera que las mejoras no han obedecido a cambios estructurales (como la productividad, la capacidad para generar fuentes de empleo o el ambiente para crear empresas), sino a los recursos obtenidos por el Estado, por lo que Carrera califica como el segundo boom petrolero desde los setenta.

Al comparar periodos que han manejado el dólar como moneda oficial, destaca que entre el 2001 y el 2006 el precio del barril fue de $ 31, en promedio. En los últimos seis años, en cambio, ha sido de $ 72.

Sin embargo, según las cifras del OPF, el crecimiento del país no ha ido a la par. En los últimos seis años creció el 4,2% y entre el 2001 y el 2006, el 4,8%.

“No puedo vivir siempre de un bono de $ 50, sino de un trabajo que me dé el sector productivo, porque después de treinta años no puedo jubilarme del bono. Esa debería ser la reflexión”, concluye Carrera.

Fuente: El Universo

 

 

 

Editorial: SELVA-Vida Sin Fronteras

Selvavidasinfronteras.wordpress.com

Editorial Committee

David Dunham

Arno Ambrosius

Gustavo López Ospina

Mariana Almeida

Pieter Jan Brouwer

Assistant: Emilia Romero

The Amazon Pink Dolphin’s Voice is associated with the International Environmental Mission, a grass roots citizens movement created by Chilean Senator Juan Pablo Letelier.

SELVA Vida Sin Fronteras acknowledges Kevin Schafer’s important contribution towards protecting the highly endangered Amazon pink fresh water dolphin. Title photographs of our “The Amazon Pink Dolphin’s Voice” were taken by Mr. Schafer. 

~ by FSVSF Admin on 4 March, 2013.

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