¿Qué impacto tendrá la reelección del Presidente Correa para la Amazonía y las Nacionalidades Indígenas?

THE AMAZON PINK DOLPHIN’S VOICE

 

 

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La fuerza del caudillo

Felipe Burbano de Lara

Analista político


El amplio triunfo de la revolución ciudadana en la elección presidencial de este domingo marca una clara tendencia hacia el reforzamiento del poder del caudillo. Un paso para adelante y dos para atrás. Correa representa todo; incluso a pesar de su propia declaración en la rueda de prensa de ayer en la tarde, poco después de tener los resultados del exit poll: hoy mostramos -dijo- la consolidación de Alianza País como un movimiento con una estructura organizativa fuerte. Todo eso resulta cierto a la luz de los resultados de ayer.

Alianza País ha crecido en estos seis años conforme se expandió el Estado, creció el gasto público y subió la inversión social por todo el territorio. Hay una tríada detrás de la revolución, que ayer se mostró con claridad: Correa, el Estado y la organización de Alianza País. Cada vez que el presidente se moviliza por el Ecuador, lleva detrás suyo las instituciones estatales y deja sembradas nuevas redes organizativas. Allí está el éxito.

Si es así ¿por qué hablar del fortalecimiento de una estructura caudillista en la conducción del Estado? ¿No resulta una insistencia ciega frente a los avances de Alianza País? Si conviene poner atención en esta inédita forma de liderazgo político, extremadamente personalizado, es porque el funcionamiento de todo esa compleja red organizativa de Alianza País tiene como condición lo que podríamos llamar la sumisión al líder. Correa ha logrado una legitimidad por una vía que nunca imaginó: contar con una organización propia ligada a la gestión del Estado, muy clientelar, a cambio de un sacrificio de la propia ciudadanía. Allí el proyecto se pone patas arriba. Quizá ayer la promesa de una ciudadanía activa, crítica, independiente, que pueda operar como un interlocutor del poder, con la que arrancó todo este proceso hace seis años, sufrió un revés.

La revolución tiene, además, una particularidad que siempre genera confusión y extravío: toda la capacidad desarrollada para ampliar el espectro de la política, de liberarla en cierto sentido de las viejas estructuras del poder y de la propias limitaciones impuestas por las agendas neoliberales -temas tan recurrentes en la retórica presidencial- tiene como condición sujetarse a la conducción del liderazgo del caudillo. Si Correa es todo, fuera de él no hay nada. Por eso, la adhesión a su liderazgo por parte de una amplia mayoría de votantes -adhesión sincera, agradecida a un poder protector- tiene como gesto oculto una cierta sumisión; mientras tanto, aquellos que no votaron a favor suyo quedan simplemente fuera. Lo dijo de modo explícito el propio vicepresidente Lenín Moreno en una suerte de anticipada despedida: los que no se suman al proyecto de la mayoría están fuera. Sumisión o exclusión, son las dos consecuencias que tendrá el reforzamiento del poder caudillista. Frente a ese liderazgo tan personalizado no siempre es fácil distinguir entre el amor al caudillo y el miedo al caudillo.

En términos de los derechos políticos de los ciudadanos, el resultado también termina siendo paradójico: toda la ampliación del campo de la olítica, que en la práctica debiera traducirse en mayores posibilidades para ejercer derechos por parte de los ciudadanos, se traducirá en su propia restricción. Bajo el poder del caudillo, el voto popular sufre una extraña mutación: no aparece como una delegación limitada y temporal de una voluntad y una soberanía que nunca dejan de pertenecerle, sino como su propia enajenación en la figura del líder. Más que el caudillo mirarse en el pueblo, el pueblo tendrá que reconocerse en el caudillo. Demasiado poder se le ha dado a Correa como para que no genere desvaríos y excesos.

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El discurso

Simón Pachano

Politólogo

La vez anterior fue en la tarima, con baile, palmas y cantos. En esta ocasión fue más solemne y recatado. El tablado fue sustituido por la seriedad semi barroca del Salón Amarillo y la palabra encendida cedió su lugar a una intervención reflexiva, por momentos sentimental. Parece que los veinte puntos de error que aguaron la fiesta hace poco menos de dos años habían dejado alguna enseñanza. Sin embargo…

 


Convocar a una rueda de prensa, con medios nacionales y extranjeros enlazados en directo y con transmisión mundial, basándose nuevamente en una encuesta a boca de urna, se puede interpretar como una vocación inveterada por tropezar más de una vez con la misma piedra. Es sabido que ese tipo de encuesta tiene un gran margen de error y que, en condiciones como las que vive el país, ese margen se incrementa porque mucha gente oculta su preferencia. El ya famoso voto oculto tiene múltiples razones que las conocen muy bien los políticos, especialmente los que están en plena actividad desde hace varios años. Por ello, llama la atención que no se hubiera cambiado el fondo a pesar del cuidado por las formas.

Llama la atención si se supone que es un error involuntario. Pero, pensando mal como dicen que se debe hacer para acertar, puede ser que un mensaje cifrado para que entienda quien debe entender. Un gobierno experto en comunicación sabe perfectamente que el primer mensaje marca la ruta de lo que viene después. Así, colocar en el imaginario de las personas que hubo un triunfo abrumador -la palabra apropiada es avasallador-, significa dejar sin piso a las cifras que pudieran venir después, aunque éstas se asienten en las actas realmente contadas.

El discurso del Presidente, que en breves segundos abandonó su condición de candidato, era la pieza central de ese mensaje. Se inició con el tono mesurado, casi con humildad, manteniendo cuidadosamente la primera persona del plural para que no haya la menor sospecha de personalismo ni de caudillismo. “Nada para nosotros”, repitió en varias ocasiones, reiterando que hablaba en su nombre propio, pero también en el de sus amigos y compañeros Hugo, Daniel, Cristina, Raúl y Fidel.

Las preguntas de los periodistas fueron la magia necesaria para que aflorara el personaje de siempre, aquel por quien votó la mayoría de los ecuatorianos. Los anuncios de inflexibilidad, de radicalización de su revolución personal vinieron en cascada, especialmente cuando volvió sobre su particular forma de entender el papel de los medios. El núcleo del mensaje no fue la economía, ni siquiera las políticas sociales -que sin duda constituyen el fuerte de su gobierno-, sino su enfrentamiento con la prensa corrupta. Dejó claramente establecido por dónde irán las cosas, especialmente si se concreta la mayoría en la Asamblea.

Si los resultados se confirman, como parece que sucederá, los próximos cuatro años serán más de lo mismo. No hay para qué cambiar con un triunfo así y con una población que valora las carreteras, los bonos y la estabilidad que le da esa combinación mágica de precios del petróleo y dolarización. Los asesores de comunicación seguramente estarán arrepentidos de haber cambiado la tarima por el adusto Salón Amarillo. Un triunfo de esa magnitud y un discurso de esa naturaleza requerían de un escenario más apropiado.

 

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La construcción del voto

Jorge León Trujillo

Analista

Los festejos de la impresionante victoria electoral de Rafael Correa, lleva a varios a rápidas conclusiones sobre el comportamiento político de los electores ecuatorianos. Si creyéramos a varias afirmaciones los ecuatorianos adherirían a un proyecto de Revolución Ciudadana. Más allá del hecho que es difícil identificar un proyecto o programa de la mencionada revolución, es claro que tantos votantes por Correa no tienen el mismo pensamiento político ni la mayoría es de la misma tendencia o como los datos de estudios lo indican un buen 40% del electorado no tiene este tipo de opciones y se define por otros criterios que los de tendencias políticas o de amplios programas como pretende ser la que encarna Correa. Si siguiéramos los argumentos oficiales y de opiniones contrincantes, ahora tendríamos más de 50% de la población que sería de izquierda, lo cual resulta muy difícil de entender. Sería pues el país de mayor izquierda del planeta .

Por lo mismo, nos hemos preguntado, qué lleva la gente a votar por Correa. No consideramos lo que la campaña electoral puede indicar de una condición muy favorable al actual ganador, por ahora.

La constatación primera es que el electorado que adhiere a Correa, los electores de AP, son personas de diversas condiciones sociales y de tendencias o definiciones políticas que coinciden en encontrar necesario apoyar a Correa. Los primeros resultados ya indican que Correa más que en las anteriores elecciones se gana el electorado que fue del PSC o del PRE o del Prian en la Costa y en la Sierra le ha carcomido los votos del PSP, a lo que quedaba de la izquierda de fuera del gobierno. Aún más, en la región costera, los dirigentes de AP provienen en buena parte de este sector. Los que en la Sierra fueron predominantemente de izquierda en AP, poco a poco son desplazados. Así, los electores de AP, mal pueden ser predominantemente de izquierda y son más bien una vario pinto amalgama de tendencias y condiciones sociales.

En un estudio en los sectores populares de Guayaquil ya constatábamos que la mayoría de este sector, insatisfecho con ciertas políticas del gobierno, consideraba que de todos modos era el gobierno que más hacía por ellos con un crecimiento de servicios en salud y para los discapacitados pero sobre todo había la idea de la redención social, la de la esperanza. Esto es un contraste con el pasado de frustraciones acumuladas del pasado reciente. Este discurso incluyente de los marginados y excluidos, con demagogia o no, ha logrado identificar que pertenecer al Ecuador da posibilidad de igualdad.

En un rápido sondeo realizado en Quito, este día de elecciones, un gran porcentaje dice que decidió su voto en el curso de la campaña electoral. Sin embargo, sus ideas ya indican que había cierta predisposición para aceptar a Correa. Pues, los sectores populares priorizan en sus argumentos que lo importante del gobierno son las obras que realiza y la mayoría identifica con precisión que al uno le sirve el carnet del Conadis, al otro el bono de desarrollo humano o un empleo público o la beca para su hija. Este clientelismo claro es el predominante. Pero para los sectores medios, en cambio, lo atrayente es la idea de un gobierno que tienen continuidad y garantiza estabilidad, es decir un sistema de orden que también contrasta con el pasado.

Así, no son opciones ideológicas o programáticas las predominantes en este electorado pro-Correa. La idea de redención, las obras clientelares, o esta de la continuidad y orden, que conciernen a sectores diferentes son decisivamente orquestadas en el proceso de la campaña electoral. La mayoría ha definido su predisposición a favor de Correa por las ideas vehiculadas en la campaña electoral permanente y la precampaña electoral en la que los contrincantes no pudieron posicionarse.

 

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Sin novedad

Farith Simon

Profesor universitario

La campaña electoral, y el día de las elecciones, ha sido lo más parecido a mirar un partido de fútbol en el que ya se conoce al ganador. Sabíamos el resultado, avizorábamos que sería abultado, faltaba únicamente saber el margen de diferencia.
Sin sorpresas, los números finales tienen un impacto significativo en la legitimación de las políticas del régimen; al tiempo que han marcado el fin de algunas carreras políticas y el inicio de otras.

Se dirá que no es el momento para examinar las condiciones de la campaña, las reglas electorales, el accionar del CNE, empero -como país- deberíamos evaluar sí las normas vigentes han contribuido, o no, para que contemos con un sistema electoral transparente y confiable. Esto no significa negar la contundencia de los resultados, empero una mirada de más largo plazo, centrado en el fortalecimiento de la democracia, requiere que realicemos una evaluación global que supere la lectura coyuntural de resultados.

 

 

Es necesario reconocer la tranquilidad con la que se desarrolló la jornada electoral, ninguna novedad importante que pueda afectar la claridad de los mismos.

Los primeros mensajes del triunfador no ha traído novedad alguna: la reiteración de las líneas maestras del proyecto político, recordar a los aliados internos y externos, la identificación de los “enemigos” de la revolución ciudadana (bancocracia, medios de comunicación, Fondo Monetario Internacional), que siendo los perdedores aún no han sido derrotados, como quedó claro del mensaje emitido el domingo por la noche.

La reacción inicial nos permite avizorar pocos cambios en el estilo, las políticas y el discurso; si alguien esperaba un cambio para los siguientes años -los últimos cuatro de Rafael Correa de acuerdo a sus declaraciones- recibió una respuesta que no deja dudas.

El país requiere fortalecer, además de la democracia como sistema de elección (la decisión de las mayorías) , los aspectos sustanciales de esa democracia. Las mayorías no puede decidir sobre derechos, sobre el ethos, sobre la culpabilidad o inocencia de las personas.

Los intereses, visiones, reivindicaciones de las minorías no pueden ser negadas, sin importar lo aplastante de esta victoria electoral.

Un tema central para los próximos años es el de la seguridad ciudadana, se ha puesto énfasis en la necesidad de que el Código Integral Penal sea aprobado, se considera un elemento fundamental de la lucha contra la delincuencia, debemos confiar que el debate en la Asamblea recoja las preocupaciones expresadas por diferentes sectores de que este cuerpo legal se convierta en un instrumento represivo, un peligro real para una convivencia ciudadana democrática, para la expresión de la disidencia.

No podemos olvidar que la Constitución de Montecristi establece un principio básico en materia penal, un uso restringido, excepcional, un sistema de derecho penal mínimo.

Debemos estar pendientes de la forma que Alianza País usará el poder, saber si existe la posibilidad de un debate interno que reconozca la diversidad de posiciones sobre temas fundamentales.

Estamos frente al gobernante con mayor poder desde el regreso a la democracia, con un partido político que contará con una mayoría muy cómoda en la Asamblea Nacional, que ha colocado sus cuadros, o personas cercanas a ese proyecto político, en las restantes funciones del estado, por ello debemos esperar que se ejerza ese poder con un respeto absoluto a los derechos de todos los ecuatorianos.

Fuente: Diario HOY

 

The Amazon Pink Dolphin's Voice: Former Judge Admits Corruption in Chevron Case

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Editorial: SELVA-Vida Sin Fronteras

Selvavidasinfronteras.wordpress.com

Editorial Committee

David Dunham

Arno Ambrosius

Gustavo López Ospina

Mariana Almeida

Pieter Jan Brouwer

Assistant: Emilia Romero

The Amazon Pink Dolphin’s Voice is associated with the International Environmental Mission, a grass roots citizens movement created by Chilean Senator Juan Pablo Letelier.

SELVA Vida Sin Fronteras acknowledges Kevin Schafer’s important contribution towards protecting the highly endangered Amazon pink fresh water dolphin. Title photographs of our “The Amazon Pink Dolphin’s Voice” were taken by Mr. Schafer. 

~ by FSVSF Admin on 18 February, 2013.

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