Ecuador: “Daño colateral”,”Vergüenza” & “El alto costo de los presidentes-payasos”.

Manuel Chiriboga Vega

Daño colateral

Siempre recuerdo una conversación de fines de los ochenta con el sociólogo peruano Julio Cotler, quien afirmaba lo bueno que era para un país no estar en los grandes titulares de la prensa internacional, como era entonces el caso de Perú. Miraba con cierta admiración la ausencia de Ecuador de los grandes medios de prensa. Era época aquella de crisis económica, hiperinflación y recrudecimiento de ataques terroristas de Sendero Luminoso en su país; mientras que en el nuestro había un manejo político decente, solución negociada de los conflictos y una imagen internacional impecable, en manos de cancilleres de gran prestigio. Hoy somos nosotros los que hacemos la primera plana y a quienes nos dedican decenas de editoriales y artículos de prensa, la mayor parte de signo negativo.

Esa presencia es malas noticias para el país en muchos sentidos.

Algunas consecuencias son inmediatas. Un comunicado de Chevron mencionó como muestra de politización del sistema judicial ecuatoriano lo siguiente: “El mundo recibió la semana pasada un claro ejemplo de corrupción en las cortes del Ecuador cuando la Corte Nacional de Justicia del Ecuador ratificó una indemnización de 40 millones de dólares para el presidente Correa y confirmó una sentencia de tres años de prisión para tres directores y un periodista de EL UNIVERSO por criticar al mandatario.” y agrega, “después de cuatro cambios de juez, un magistrado ‘temporario’ tomó el caso, sostuvo una audiencia y 33 horas después de su designación emitió un fallo de 156 páginas. Una investigación independiente determinó que el juez no escribió el fallo y que el autor probablemente fue el abogado del señor Correa.” Esto puede poner en riego grave la demanda que han presentado cientos de colonos e indígenas contra dicha empresa por daños ambientales y que se ventila en varias cortes del mundo. ¡Qué pena!

Podría poner en riego igualmente posibilidades de acuerdos comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos, donde como demostré en artículo anterior, el tema de observancia de los derechos humanos es pieza clave en acuerdos de nueva generación. Más aún, porque ello alimenta a los halcones de todo tipo en esos países y que deben estar saltando en una sola pata, por el favor hecho, al entregarles en bandeja de plata, munición para sus argumentos contra el país. Pero también nos causa un problema en términos de la región, sea que consideremos América Latina o América del Sur. Hay un conjunto mayoritario de países que hacen de libertad de expresión y prensa valor central y política de Estado y que tomarán distancia de lo que ha hecho el presidente Correa. Este es un tema que divide a la región y no suma por ninguna parte. Cualquier intención de liderazgo regional quedará seriamente herida como resultado de lo acontecido contra EL UNIVERSO y los periodistas, salvo quizás en el club de la ALBA.

Pero esto me lleva a unas preguntas de fondo. ¿Es que el supuesto agravio personal que pudo haber sentido el presidente, pesa más que los intereses del país? ¿Es que al momento de decidir ir hasta las últimas consecuencias contra periodistas, dueños de medios y un periódico de gran prestigio, consideraron los daños colaterales que ello produciría? ¿Es que hubo un cálculo básico entre triunfo inmediato y daño al país en el mediano o largo plazo? Por donde quiera que se lo vea, además de injusto, lo hecho fue de gran torpeza.



Simón Pachano

Vergüenza

El estómago y la conciencia de quienes sufrimos en carne propia las dictaduras que asolaron a nuestro continente no soportan fácilmente episodios como los que ha vivido el país en los últimos días. El estómago se revuelve y viene la inevitable sensación de náusea cuando ve a los amigos de esos días transformados en actores de una escena que antes la habrían condenado por autoritaria, vejatoria y reaccionaria. La conciencia se niega a aceptar que sean los mismos de antes, los que por su experiencia de vida y no por cuentos ajenos, alguna vez comprendieron que la diferencia existente entre la vigencia y la no vigencia de los derechos humanos es la misma que hay entre la vida y la muerte. Ni el estómago ni la conciencia pueden aceptar, peor entender, que ahora cambien su propio pasado por las prebendas y migajas que reciben de un caudillo de derecha.

Como si no recordaran que el único amparo seguro en aquellos tiempos era el exilio, ahora lo consideran cobardía o lo toman para la burla. Olvidando a los compañeros que se pudrieron esperando inútilmente una justicia que había sido intervenida, ahora celebran una sentencia que antes les habría llenado de vergüenza. Sin detenerse a recordar la infinidad de conversaciones que debieron hacerse en susurros, ahora ven como lo más normal del mundo que un fulano por ahí difunda el contenido de los correos electrónicos interferidos. Sumidos en la amnesia de la conveniencia, han perdido la cuenta de los amigos que salvaron sus vidas gracias a la acción decidida y decisiva de los organismos internacionales a los que su jefe quiere eliminar.

Hasta ahora parecía que se trataba de simple oportunismo, de la borrachera producida por el ulular de sirenas al desplazarse sin obstáculos por la ciudad, del mareo originado en la corte de lambiscones, del vértigo cegador que trae cada orden obedecida por el subordinado. Pero es obvio que esa explicación no es suficiente, porque eso solo significaría que ellos están haciendo el mismo ejercicio del poder que siempre cuestionaron. Es eso, pero a la vez es mucho más. Ellos no solo están ejerciendo un poder, sino que están conformando uno alternativo. No es aquel poder que se iría extinguiendo conforme se fuera democratizando la sociedad, como sostenía la utopía de entonces, sino un poder que ya no requiere de principios ni de ideologías para justificarse.

La izquierda se renovó en la mayor parte de países de América Latina. Se reencontró con la democracia, que históricamente le pertenecía y le pertenece. Los derechos y las libertades volvieron a ocupar el centro de su propuesta. Pero, en Ecuador una buena parte de la izquierda, esa que aplaudió en la escena vergonzosa y funesta, abandonó los principios y se encontró con las delicias del poder descarnado. Por ello no tiene reparos en convivir con los personajes más siniestros de la derecha y en levantar las banderas que incluso las dictaduras las mostraban solamente en momentos de desesperación.

No, ni el estómago ni la conciencia pueden soportar esa vergüenza.

El alto costo de los presidentes-payasos

 
¿Cuánto cuestan los presidentes-payasos? Primero, ¿qué es un presidente-payaso? Se trata de esos tipos que tienen una idea circense de la función pública. Creen que han sido elegidos para entretener, no para servir y cumplir con las leyes. Hablan nueve horas, cantan, insultan, dicen barbaridades.Fidel, por ejemplo, cuando actuaba en la pista mayor del gran circo habanero, acusó a Estados Unidos de desviar los huracanes hacia la Isla. Muchos años más tarde, su discípulo Hugo Chávez aseguró que el terremoto que destruyó medio Haití fue un arma secreta probada por el Pentágono en el Caribe. Todo vale para salir en los papeles y para generar noticias.Uno de los rasgos más notorios de los presidentes-payasos es su candorosa irresponsabilidad. No advierten, o no les importa, el daño que le hacen a sus países. Viven tan pendientes del aplauso y del titular de primera plana, que son incapaces de calcular o prever el costo de sus acciones. Incluso, sucede algo más grave: sus compatriotas suelen reírles las gracias sin percatarse de las adversas consecuencias económicas generales que acarrea tener como rostro visible de la sociedad a un presidente-payaso.

Un caso reciente es el del presidente ecuatoriano, Rafael Correa. Correa acaba de armar un espectáculo absolutamente mediático con su demanda triunfal de cuarenta millones de dólares contra un respetado diario, El Universo de Guayaquil, que acabará confiscado o clausurado por una crítica columna de opinión publicada por Emilio Palacio.

Los propietarios del diario, además, como el autor del artículo, fueron condenados a tres años de cárcel y tuvieron que exiliarse antes de acabar tras las rejas. Durante las semanas que duró el sainete, Correa mantuvo en vilo al país y a la prensa internacional, generando una enorme cantidad de información, culminada en una manifestación muy fotogénica encabezada por él el día de la sentencia, con velas incluidas.

¿Qué fue lo que trascendió de este lamentable show? Muy sencillo: que Ecuador es un país poco fiable en el que no vale la pena invertir. Es una sociedad amable, desgraciadamente administrada por un gobierno poco serio. Se trata de una nación “bananera”, de acuerdo con el editorial del Washington Post, en la que “tras cuatro cambios de jueces, un magistrado temporal asume el caso, ordena una vista, y 33 horas después emite una resolución de 156 páginas, probablemente escrita por un abogado de Correa”.

A los dos días de la trágica payasada contra El Universal, un panel especial administrado por la Corte Internacional de Arbitraje de La Haya emitió un laudo provisional a favor de Chevron, a reserva de un fallo posterior, para detener una sentencia ecuatoriana que condenaba a la empresa petrolera a pagar miles de millones de dólares como compensación por un discutido daño ecológico infligido al país hace varias décadas por otra compañía.

Chevron, según su testimonio, descubrió pruebas de fraude, corrupción y, como en el caso de El Universo, que la sentencia había sido escrita por los demandantes y no por el juez encargado de dictarla. El sistema judicial ecuatoriano, presumiblemente, estaba podrido y funcionaba como un brazo de los deseos y caprichos de la presidencia de la República y como una fuente de enriquecimiento ilícito dentro de las alcantarillas del poder.

Todo eso es carísimo. En los tiempos de la globalización y de la información instantánea, los presidentes están obligados a cuidar la marca-país con el mismo celo con que los empresarios tratan de proteger el prestigio de las compañías que dirigen y los productos que manufacturan.

Los países y las ciudades proyectan ciertas imágenes muy importantes para la toma de decisiones. Existe un baremo internacional (The Anholt-GfK Roper Nation Brands Index) que mide y contrasta la calidad de la imagen de las naciones y, lógicamente, Ecuador aparece por los suelos. Por eso los capitales se refugian en Zurich y huyen de Quito.

Ello significa que cuando Rafael Correa gana 40 millones de dólares por medio de detestables trucos legales –aunque luego los asigne a una causa caritativa–, no solo arruina a una familia y a centenares de trabajadores de El Universo, sino, además, perjudica a todos sus compatriotas. Con esos escándalos, los ecuatorianos pierden miles de millones en inversiones que nunca se van a hacer, o en negocios que no se llevarán a cabo, porque nada hay más importante que la seguridad jurídica para cualquier inversionista serio del planeta, y en Ecuador no hay siquiera vestigios de ese fundamental clima institucional.

Los payasos, sin duda, son criaturas adorables, pero es muy conveniente mantenerlos alejados de la política. Cuestan demasiado.

[©FIRMAS PRESS]
*Periodista y escritor. Su último libro es la novela La mujer del coronel.

Source: ABC DIGITAL
Editorial: Selvavidasinfronteras.org
Selvavidasinfronteras.wordpress.com
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~ by FSVSF Admin on 27 February, 2012.

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