Correa Vs. Ecuador: Alberto Acosta, Manuel Chiriboga, Francisco Febres Cordero, Paco Moncayo and Simon Pachano

Gobierno mantiene estado de excepción por tiempo indefinido solo en Quito

Oct 10 /2010

http://www.hoy.com.ec/noticias-texto-ecuador/moncayo-ponce-logro-volver-al-orden-a-las-ffaa-434697.html

Paco Moncayo, general (r) de las Fuerzas Armadas y actual asambleísta por el Movimiento Municipalista, destacó la gestión del ministro de Defensa para manejar la situación, aunque establece diferencias entre una rebelión policial y una militar.

“En primer lugar, en las FFAA no se había roto el dique; en segundo lugar, los militares son otro tipo de institución, es más fácil volverlos al orden”, dijo Moncayo, en diálogo con HOY.

¿Por qué? “Porque el militar uniformado vive un mundo singular, vive en su cuartel, come en su cuartel, patrulla la selva… El policía, en cambio, es el más sacrificado de los servidores públicos. Yo quisiera ver qué sicología necesita una persona para estar parado en las calles, horas de horas, controlando el tránsito, o para darse bala con los narcotraficantes, no es lo mismo”, dijo el asambleísta.

Sin embargo, agregó que aquello no desmerece el éxito de Ponce, quien logró mantener las aguas en su nivel.

“El ministro Ponce se ha interiorizado con las Fuerzas Armadas, es evidente. Las FFAA no han tenido una mala relación con un ministro del que todo el mundo decía que odiaba a los militares. Él mismo ha dado gestos de aproximación, todo eso es muy importante. Posiblemente, no les caerá bien a muchos, porque nadie cae bien a todos, pero él ha tenido una conducta apropiada, y hay que destacar la oportunidad de su actuación y el haber logrado aplacar el malestar que existía”, agregó el general.

Sin justificar los exabruptos de la protesta de los uniformados ni las que considera “imprudencias del presidente Rafael Correa y varios de sus ministros”. Moncayo dice que la Ley Orgánica de Servicio Público es parte de una visión “neofascista y antidemocrática de la organización del Estado, que plantea igualar a todos los servidores públicos, como en los regímenes fracasados de la Unión Soviética”. (MBJ-MEVO)

Nunca más

By Manuel Chiriboga, Oct. 3/ 2010

http://www.eluniverso.com/2010/10/03/1/1363/nunca-mas.html

Estoy en Washington para reuniones de un Foro sobre Relaciones Estados Unidos-Países Andinos. Mientras trabajamos en el documento final, las noticias de Ecuador comenzaron a llegar a nuestros correos y celulares. Las imágenes nos retrotraen a escenas de un pasado cercano, que creíamos superado: el Taurazo y los derrocamientos de los presidentes Bucaram, Mahuad y Gutiérrez y aun a los golpes de los sesenta y setenta. Intentamos explicar lo que acontecía a las otras delegaciones, aun cuando nuestro propio malestar con los acontecimientos era evidente.

Pero la invitación a explicar fue también una a reflexionar. En primer lugar, el daño es inmenso. Todos los periódicos aquí traen la foto de un presidente desfigurado por la impotencia y la rabia, rodeado de policías furiosos. Es imagen total de inestabilidad y caos de un país, que implicará mucho esfuerzo de recomponer, con implicaciones para inversiones y comercio difíciles de calcular, pero ciertas e inmediatas.

¿Por qué nos sucedió lo que sucedió? No quiero entrar a comportamientos personales, sino a por qué como sociedad llegamos a esto. Quisiera centrarme en tres elementos, en dos planos: comportamientos sociales, funcionamiento de las instituciones y existencia de una comunidad política.

Hay en lo profundo de la acción policial un comportamiento que no hemos logrado modificar a pesar de los cambios constitucionales y legales: el llevar una demanda que se considera justa hasta sus últimas consecuencias, incluyendo por medio de la fuerza. Si uno analiza cualquiera de las protestas sociales recientes, con pocas excepciones, el uso de la fuerza es una constante. Es el juego del todo o nada, en que se queman todas las bazas, en un viaje sin retorno. No importa la consecuencia de nuestra acción sobre el bien común, lo fundamental es alcanzar los objetivos trazados para el grupo. Es en parte tema del liderazgo de los grupos corporativos, donde se disputa quién es el más bravo; es en parte presión de los miembros de conseguirlo o si no buscar otros dirigentes.

En parte, pero solo en parte, puede explicarse también por la debilidad de los mecanismos institucionales de solución de los conflictos. Normalmente en una democracia es en el Congreso donde, sin perder la dirección que le impone la mayoría política, se acomodan en lo posible las demandas de sectores con visiones distintas o de los diversos grupos de intereses específicos. Pero la efectividad de los mecanismos institucionales depende de cuán empoderados están, así como de la predisposición de los actores que intervienen, de respetar el papel de mayorías y minorías, y de los diversos actores de transar acuerdos intermedios. Eso implica que todo actor va a una negociación a ceder y no solamente a conseguir lo que pide, como decía una querida amiga.

Pero esto implica que nos reconozcamos como una comunidad política con acuerdos básicos o, como se diría más generalmente, con un contrato de cómo funcionamos. Es la ausencia de esa comunidad, o al menos su formación incompleta, la que explica por qué actores están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias, no respetar los mecanismos institucionales y en última instancia poner en riesgo el bien común. Construir esa comunidad y esas reglas es con seguridad nuestra más grande tarea, donde el liderazgo de la república tiene un papel central en nuestra formación como ciudadanos, parte de una entidad política denominada Ecuador.

Es aquello lo que nos asegurará que nunca más sucedan eventos lamentables como los del jueves 30 de septiembre.

En su ley

By Francisco Febres Cordero, Oct. 3/ 2010

http://www.eluniverso.com/2010/10/03/1/1363/ley.html

Fueron horas de angustia. De expectativa. Fueron horas en que, otra vez, el país estuvo sumido en el caos.

Y eso duele. Duele con dolor de patria. Duele con el dolor de la desesperanza.

Sin embargo, ese dolor no se presentó de súbito sino que vino anunciándose con signos inequívocos.

¡Basta!, gritaba la gente desde hace tiempo y desde el fondo de su conciencia. Basta de tanta prepotencia, basta de tanto autoritarismo, basta de tanta corrupción. Basta de tanto cinismo.

El Presidente de la República, sordo, nunca escuchó ese grito. Continuó manejando el Estado como si en él estuvieran encarnados todos los poderes. Por eso, su voz era la única que debía escucharse. Para eso se valió de un lenguaje altanero con el cual se dio a la tarea de estigmatizar a todo aquel que osara discrepar. Su verbo latigueante jamás convocó a la conciliación: dividió a los ecuatorianos y los clasificó en buenos y malos. Buenos, quienes estaban con él; malos, todos los demás, los antipatria, los traidores, todos vendidos a los más bastardos intereses, que no eran capaces de asimilar que la revolución había llegado.

Una revolución que, por igual, resucitaba a los héroes y removía sus cenizas, que a políticos salidos de las entrañas de esa derecha a la cual ideológicamente se deben. A los primeros los colocó no solo en el altar de la memoria sino en mamotretos construidos al apuro, y a los otros los sentó en el palacio de Gobierno para que, con su experiencia acumulada en días nefandos, aplicaran sus tácticas tan viejamente aprendidas.

Y, mientras tanto, el presidente de la República, con su intemperancia, su irascibilidad, su autosuficiencia, mantenía sojuzgados a legisladores, fiscales, contralores, a quienes exigió total sometimiento. La imagen del presidente del Congreso es quizás el más patético ejemplo de esa sumisión: su tarea se vio reducida a hacer aquello que el presidente de la República le ordenaba y, con triquiñuelas y burdas argucias, permitió que se legislara directamente desde el palacio de Gobierno y se echara altacho de basura la otra gran labor legislativa: la de fiscalización.

En un ambiente de miedo, en que los colaboradores más cercanos del presidente de la República bajaban la cabeza ante sus designios o prorrumpían en lamentos ante sus crueles sarcasmos, era explicable que se abriera una feroz, sistemática, orquestada campaña contra los medios de comunicación independientes, que no cejaban en su misión de contar los hechos, denunciar las trapacerías y alertar sobre el autoritarismo que, a nombre del cambio, se vivía en el país. Un país que contemplaba, absorto, cómo se adjudicaban alegremente los contratos sin licitación, con qué grosero populismo se repartía el dinero del erario a manos llenas y cómo los nuevos revolucionarios ascendidos a altos cargos burocráticos gozaban de las delicias de una revolución que, según se anunciaba en los muchos medios de comunicación de los que el gobierno había echado mano para difundir sus consignas, ahora era de todos.

Hasta que en el momento menos pensado, ese grito de ¡basta!, se convirtió en una ilegal, condenable, absurda sublevación. A la fuerza se opuso la fuerza. A la sinrazón, la sinrazón. El presidente cayó en su propia trampa, víctima de la gruesa y oscura telaraña de prepotencia e intemperancia que, con tanta tozudez, fue construyendo.

Ausencias

By Simon Pachano, Oct. 4/ 2010

http://www.eluniverso.com/2010/10/04/1/1363/ausencias.html?p=1354A&m=4

Condena total, incondicional e irrestricta a la insubordinación policial es la premisa que se debe adoptar cuando se producen hechos como los del último jueves de septiembre. Después de eso es posible entrar en cualquier análisis o emitir una opinión. Una persona demócrata no puede aceptar que se secuestre a un Presidente, sea quien sea, y no puede pensar ni remotamente que se condicione su libertad al cumplimiento de determinados acuerdos.

Con esa premisa, cabe destacar tres ausencias que fueron evidentes a lo largo de ese día. En primer lugar, no se vio por ningún lado –o fue tan débil que pasó desapercibida– la lealtad con la democracia. Era el momento propicio para que todos los dirigentes políticos, especialmente los de oposición, hicieran declaraciones claras y terminantes de condena de las acciones desplegadas por los policías y de apoyo a la institucionalidad. Lo único que cabía de parte de ellos era cerrar filas en torno al presidente de la República y respaldarlo irrestrictamente.

La segunda ausencia vino desde el lado ciudadano o, como se acostumbra a decir, de la sociedad civil. Su presencia en las calles era necesaria para mandar el mismo mensaje requerido a los políticos, esto es, su voluntad de defender la institucionalidad democrática. Sin embargo, el número de personas que estuvieron dispuestas a hacerlo fue mínimo. Los medios oficiales hablaron de alrededor de tres mil y, de lo que se pudo ver, su motivación central era el apoyo a Rafael Correa como persona y no necesariamente a la institucionalidad que él representa. Pero, aun así, resulta incomprensible que la defensa del mandatario, que cuenta con los mayores niveles de aprobación en las encuestas, quede en manos de tan pocas voces y de tan pocas voluntades. Posiblemente esto sea un resultado del fuerte liderazgo, que asume todas las responsabilidades y alimenta la pasividad de la ciudadanía.

La tercera ausencia estuvo en el terreno gubernamental, donde no hubo una concepción institucional y democrática de la política. No fue institucional, porque desde el momento en que el Mandatario se bajó del vehículo en el cuartel policial, se hizo evidente que no se activaron las instancias ni los procedimientos establecidos para procesar los conflictos. El comando policial y el Ministro del Interior eran los fusibles que se debieron accionar antes de cualquier intervención presidencial (que habría sido innecesaria en caso de funcionar aquellos). No fue democrática, porque se dejó como única solución la fuerza, no solo desde que se agotó el breve intento de diálogo presidencial (y ya no quedaba otra alternativa), sino desde que se procesaron las leyes. La indiferencia al debate, a la búsqueda de acuerdos y a la incorporación de la opinión de los otros sectores es una imposición que en algún momento pasa la factura. La calificación como golpe de Estado y como conspiración a lo que comenzó como un conflicto interno de la Policía es el peor punto de partida para una comprensión que debería llevar a la autocrítica y al abandono de la política entendida como guerra.

Tras el doloroso episodio, es preciso dar un golpe de timón

By Alberto Acosta, Oct. 4/ 2010

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/tras-el-doloroso-episodio-es-preciso-dar-un-golpe-de-timon-433419.html

Alberto Acosta, ex titular de la Asamblea Constituyente de Montecristi, que aprobó la nueva Constitución, con la que junto al presidente Rafael Correa prometió escribir una nueva historia del Ecuador, analiza la crítica situación del país y, desde una postura frontal, advierte que tras la sublevación policial y militar del jueves pasado, no bastará cambiar a los ministros responsables, sino dar un golpe de timón en la conducción del país. Entre las principales causas de la situación, señala a la prepotencia y a la falta de apertura al diálogo en el Gobierno de Correa, de quien tomó distancia hace más de dos años. Eso, además de la resistencia de las oligarquías a perder sus privilegios, explican el nivel de intolerancia que vive el país, según Acosta.

En un mensaje enviado el jueves, día de la sublevación policial y militar, usted llamó a reflexionar y a rechazar cualquier intentona golpista. ¿Cree que ese haya sido el objetivo de los uniformados?

Es difícil saberlo a ciencia cierta. A primera vista, parecería que simplemente fue un motín de un grupo de policías y algunos soldados, que se sienten afectados por algunos ajustes que trae la Ley de Servicio Público. Aparentemente, saldrían perjudicados porque se eliminan algunas bonificaciones. En realidad, según el Gobierno, saldrían beneficiados porque se les habría incrementado sustantivamente sus ingresos mensuales.

Un golpe de Estado es algo planificado, premeditado. ¿Qué le hace pensar que en este caso lo sea?

Resulta raro que la oficialidad no haya tomado nota del malestar existente. ¿Dónde estuvieron los servicios de inteligencia o es que estos también estaban complotados? Recuerde también que hace pocos días un grupo de líderes estudiantiles irrumpió en el seno de la Asamblea Nacional.

¿Qué tiene que ver ese hecho con la rebelión del jueves?

Aquí ya se debían preguntar cómo fue posible esa irrupción en un edificio muy bien custodiado y de relativamente fácil defensa; quizás eso fue posible porque estaban comprometidos miembros de la Policía, pregunto. El jueves 30 de septiembre, ese jueves triste, la Asamblea fue cerrada por la Policía. Los oficialistas tuvieron problemas para ingresar, mientras los asambleístas del Partido Sociedad Patriótica, del ex coronel Lucio Gutiérrez, entraban como Pedro en su casa…

¿Entonces, coincide con el presidente Rafael Correa en que lo del jueves fue un intento de golpe de Estado y en que Lucio Gutiérrez es su mentalizador?

No siempre se programa un golpe de Estado, en ocasiones el azar provoca las condiciones. No hay un libreto único, ni se da siempre en un solo acto. Es más, si el golpe falla, la difusión de noticias que nieguen el golpe puede conducir a mantener la neutralidad de amplios sectores de la población. Aceptemos, en Ecuador hubo un intento fallido de golpe de Estado y de magnicidio, así de simple. En qué medida estuvo involucrado Lucio y su gente, es otra cosa.

Pero, el presidente Correa fue más allá y aseguró inclusive que en su bloque de asambleístas también hay conspiradores. ¿Usted lo cree también?

Pregúntele a él. Yo no estoy más en Alianza País.

Usted dijo que el reclamo de la Policía y las Fuerzas Armadas puede tener razón. Entonces, ¿por qué hablar de golpe de Estado?

Por una razón muy simple, si tenían razón, debían procesar su reclamo por las vías correspondientes y no prestarse para que la derecha golpista se apropie de su movilización. Estas intentonas golpistas, busquen o no el cambio de Gobierno, que tanto afectan el marco constituido, no pueden ser toleradas, vengan de donde vengan.

¿Hubo excesos de ambos lados?

Fue un día de excesos y violencias de todo tipo. La violencia de los sublevados en contra de la ciudadanía en general, no solo contra el presidente. La violencia desatada por la ausencia de policías. La censura a los medios de comunicación. La batalla campal al inicio de la noche… transmitida como reality show.

La sublevación es un síntoma del clima de intolerancia que vive el país. ¿La democracia está en riesgo?

La prepotencia del Gobierno, con su forma de actuar autoritaria e irrespetuosa de la misma Constitución de Montecristi, más la resistencia de las oligarquías a perder sus privilegios, explican este ambiente de intolerancia que vivimos. La democracia saldrá fortalecida si la practicamos.

¿Qué piensa de la orden de solo transmitir información oficial?

Torpe, fue otra forma de violencia, por decir lo menos.

Usted también exige rectificaciones al presidente. Puntualice sus observaciones a la conducción del Gobierno y del país.

Las sintetizaría en tres puntos. Primero, no se está afectando la modalidad de concentración y distribución de la riqueza y el ingreso: la pobreza no disminuye, la inequidad se mantiene. Segundo: no se camina hacia una superación del modelo extractivista de inserción sumisa en la economía internacional; por el contrario, en este país, como en Bolivia y Venezuela, lo que existe es una reinvención del extractivismo clásico, una suerte de neoextractivismo del siglo XXI.

¿Cuál es el tercer punto?

La “revolución ciudadana” tiene un marcado déficit de ciudadanía. Una revolución no la hace un gobierno, una revolución la hace un pueblo organizado, consciente y con capacidad de asumir el proceso. Eso requiere un gobierno que abra espacios para construir colectivamente un escenario de expectativas compartidas. La historia le ha dado al presidente Correa, una vez más, la oportunidad de reencontrarse con los orígenes del proceso revolucionario, de rectificar. Ojalá lo entienda así.

¿Qué salida democrática le ve a esta situación?

Siempre más democracia, nunca menos. Para empezar, habrá que respetar la Constitución de Montecristi, en la que se plantean muchas opciones democráticas para procesar los reclamos y los conflictos. Por ejemplo, la revocatoria del mandato o la “muerte cruzada” en ambas direcciones. ¡Todo dentro de la Constitución, nada al margen de ella!

Esta crisis es una prueba de fuego para la Asamblea. Irina Cabezas dijo que el veto a la Ley de Servicio Público es cosa juzgada y que el domingo regirá por el imperio de la Ley, dado que, una vez más, se les acabó el tiempo para debatir. ¿Qué opina?

En realidad, es una prueba para la democracia. La leche derramada no se recoge, pero hay que impedir que eso vuelva a suceder, hay que crear las condiciones para ello. Eso exige abrir los causes para el diálogo, a partir del respeto a la opinión de los otros. Y eso también exige garantizar la autonomía de todos y cada uno de los poderes del Estado, algo que no sucede hoy.

Lo grave del asunto es que tal como entra a regir el veto no gusta ni al Ejecutivo, pues eso motivó la amenaza del presidente Correa de aplicar la muerte cruzada, ni a policías y militares, para quienes dicha ley corta varios beneficios y fue la gota que derramó el vaso y los llevó a rebelarse contra su jefe supremo.

Según el presidente Correa, la ley no reduce los beneficios. Si esto es así, el problema está en otro lado. A todas luces es manifiesto que el Gobierno ni siquiera se tomó la molestia de informar a las bases de la Policía y de las Fuerzas Armadas. ¿Para qué?, dirían, si nosotros sabemos lo que es bueno para ellos… otro acto de prepotencia.

¿Cree que este escenario pone a la Asamblea ante una prueba de fuego: allanarse totalmente a la voluntad del jefe de Estado o demostrar que no es un apéndice de Carondelet y ratificar el texto aprobado con una votación récord en este Gobierno: 108 de los 124 legisladores.

El asunto es más complejo. No es el tema de una ley aislada. Hay que interpelar la forma de legislar de Alianza País, la Presidencia de la Asamblea, los otros bloques y el Presidente de la República, como colegislador. Para superar las tensiones, se requiere respetar todas las opiniones y posiciones, una amplia participación de la ciudadanía.

El canciller Ricardo Patiño alertó sobre el riesgo de otra revuelta y un golpe de Estado. ¿Qué haría o le aconsejaría al jefe de Estado si todavía estuviera cerca de él?

Nada es imposible. Hay grupos prestos a dar el golpe en la oportunidad que se presente, y más aún si hay condiciones que facilitan la tarea golpista. Ojalá el presidente saque lecciones de la crisis para rectificar. La crisis puede ser una gran oportunidad para él, su gobierno y el país. El presidente sale fortalecido, en el corto plazo. Pero, si margina la autocrítica y sigue con sus andanzas prepotentes de cerrarse al diálogo, de criminalizar la protesta popular, de no escuchar a la sociedad, me temo que este tipo de sacudones podría repetirse…

¿Qué espera del Gobierno?

Habrá que ver cómo el Gobierno lee lo sucedido y cómo lo procesa. No basta cambiar a los ministros directamente involucrados con los sectores en donde se produjeron estos dolorosos acontecimientos. Es preciso dar un golpe de timón.

¿Cómo?

El Gobierno debe retornar a los orígenes programáticos del proceso revolucionario, del que lamentablemente se han ido distanciando, durante todo este tiempo.

¿Todavía mantiene una esperanza? ¿Lo cree posible?

Veamos si el presidente Correa tiene la capacidad suficiente para saltar sobre su propia sombra.

‘¿Tiene que estar en todo el Presidente?’

¿Cómo vivió la sublevación del jueves?

Con angustia, indignación y profunda tristeza. No hay justificación alguna.

¿Se sobreexpuso al ir al Regimiento? ¿El presidente Correa sobredimensiona su poder, su popularidad?

Eso debe responder el presidente de la República. Sin embargo, es lamentable que no tenga ministros de Política, Policía y Seguridad que le informen y que resuelvan los problemas. ¿Tiene que estar en todo el presidente?, me pregunto. ¿Esa sobreexposición será otro acto de prepotencia… una suerte de mandato cultural de superioridad?, me vuelvo a preguntar. Por aquí podemos encontrar otra gran dificultad para construir la democracia en América Latina.

¿Tal vez si llegaba con un discurso conciliador se habría evitado poner en riesgo su integridad, incluso su vida?

Difícil saberlo ahora. Los muertos ya están muertos. Lo vital es aprender de las tragedias para no repetirlas en el futuro.

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~ by FSVSF Admin on 4 October, 2010.

3 Responses to “Correa Vs. Ecuador: Alberto Acosta, Manuel Chiriboga, Francisco Febres Cordero, Paco Moncayo and Simon Pachano”

  1. This surely makes great sense!

  2. Remarkably well executed post!!!

  3. I dont disagree with this post…

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